Cansino, pesado, aburrido, cargante, fatigoso, latoso, incómodo, insoportable, machacón...
Todo eso y más soy, me sobran adjetivos si de hablar de ti se trata.
Sé que dije que no lo volvería a hacer, pero nunca dije nada de dejar de pensarte.
Así que cumpliré con mi palabra y me limitare a contaros otras cosas,
me limitaré a deciros que hace tiempo que camino con mis amigos por la calle
y me parece que camino solo.
Os contaré que hace tiempo que siento que no pertenezco a este lugar,
pese a que nací aquí y no conozco otro hogar más que éste.
Os mostraré que hoy es invierno... que acabó el verano.
Que lo que fue cálido y lúcido no hace mucho,
se torna ahora en frío y oscuro.
Los días largos, esos días festivos, se convierten en largas noches,
largas noches en mi cuarto resguardado del frío y la lluvia.
Una lluvia que parece intentar llevarse esos recuerdos,
recuerdos forjados entre las calurosas mañanas de agosto
y los suaves atardeceres de septiembre;
esos recuerdos que ni las más bravas olas que escarpan los acantilados
cada día son capaces de arrancar,
porque esos recuerdos forman parte de mí,
porque yo estoy hecho de esos recuerdos.
Entre ambos, otoño, un otoño que pasó fugaz
un otoño que no sé cuando empezó,
y que ahora sé que termina.
Un otoño que no me dio una sola oportunidad
de demostrar que sigo aquí, como siempre.
No obstante estoy tranquilo.
Estoy tranquilo porque el invierno no dura siempre.
La luz del verano siempre vuelve...
Porque si cada día despiertas es porque cada noche sueñas,
y así pasan las horas y los meses,
hasta el día en el que sueñas para siempre...
Por eso seguiré, seguiré viajando por esta senda de desilusión y fantasía,
por esta senda de desamor y de alegría;
como son sueño y pesadilla,
como es la vida misma.
Más allá de la noche que me cubre...
En la noche que me envuelve, negra como un pozo insondable,
Doy gracias al Dios que fuere, por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancia, no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar, si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos, acecha la oscuridad con su horror.
No obstante la amenaza de los años, me halla y me hallará sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma...
Doy gracias al Dios que fuere, por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancia, no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar, si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos, acecha la oscuridad con su horror.
No obstante la amenaza de los años, me halla y me hallará sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma...
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