Hace frío y el río no me alcanza la paz acostumbrada. Casi no recuerdo la última vez que creí verla, pero su reflejo se me antoja siempre reciente, como esos cuadros de cualquier museo que anuncian su presencia al final de la galeria. Hoy la mañana es distinta, con esa paleta de colores que todos los pintores, ¡pobres!, sueñan con arrebatar a la naturaleza en el vano intento de convertirse en dioses. Hoy el río no me trae la alegria desbordada, se va hacia lo desconocido dejando espectros anclados como el navío varado que nunca quise ser. A veces pienso si esta ciudad me escupe a la cara cada vez que intento mirarle a los ojos, como si no tuviera bastante con el sabor amargo que me deja tanto fracaso.
Hay tanta gente que no tiene nada que perder que ni de puntillas cabremos cuando nuestro diario alcance su última pagina. Ese epílogo inevitable en el que nunca tendremos la certeza de haber escrito algo que merezca ser leído, ese resumen tardío de emociones y conclusiones tan difícil de imaginar cuando la naturaleza aún no ha puesto su pluma en tu mano.
No olvido mis deudas contigo, sobre todo el haberme brindado un escenario donde revivir mis recuerdos y recrear mi pena pero no me pidas que la reparta, porque solo y con media pena no se llena ni una sola alforja de alegría, sino la infinita tristeza del que no distingue el amanecer de la anochecida.
Ni mido el tiempo que queda para que la rutina se convierta en mas rutina. ¿Para qué?. Puede que mañana, ó pasado mañana, ó dentro de unos dias, vuelva por aquí. Luchar contra la desesperanza sólo está al lacance de los que creen tener fuerzas para realizar un sueño si les llega el tren a tiempo. Hace mucho que comprendí que mi otro yo comparte vino con el real. Ya no me quedan argumentos para enemistarlos, ya no me quedan coartadas para su desencuentro, ya no me queda casi nada. Demasiados trazos perdidos, demasiados gubiazos dados con el temor al fracaso. Demasiado tiempo esperando que alguien quiera ver en mí al que yo creo que soy.
Francisco Rossi: "Clave de Mesa"
Soy un vividor,
un vividor de sueños,
un soñador.
Me guío por mis ilusiones, me dejo llevar por mis emociones,
pero siempre aprendiendo de mis errores.
El fracaso no me aterra, la derrota no me da miedo
La victoria es mi camino,
Mi felicidad, mi destino...
Soy eterno viajero de sueños e ilusiones.
